martes, 24 de agosto de 2010

Los últimos días de Johnny Rosth

día 1
A partir de mañana me iré despidiendo de este mundo. Agotar las horas sería muy sencillo así que iré quemando los recuerdos hasta que este tan vacio que ya no merezca la pena reciclarme para la vida moderna... vida moderna, ja. He sido casi tan vulnerable como todos vosotros y en ocasiones lamentable.
Intentaré rescatar algo de este naufragio y abandonar sin ruido este mundo para dar la oportunidad a otro que quiera intentarlo. Me he cansado de luchar. Me pregunto si se podrá quedar uno tranquilo... si, con la mente en blanco... nunca lo conseguí. Me conformo con un blanco sucio o "roto" que está muy de moda, pero bueno a mi la moda donde voy ya me da igual. He tocado en los mejores garitos de la ciudad y la gente se volvía loca con mi camisa negra de 10 pavos! la moda, eso qué es... la hermana bastarda de la fama...o de la hipocresía.
10 pavos...

jueves, 19 de agosto de 2010

Todo madera

día 2
Todos los inviernos, esperaba ansioso la nieve. No deseaba jugar con ella, ni juntarme con los chicos para tirarnos por la ladera... esperaba que mi padre se sentara en el taburete, apoyase la taza de café encima del piano y no parase de tocar hasta que mi madre nos llamara para comer. Los días más gélidos se tranformaban en horas y horas de cálidos recuerdos y sonidos deliciosos. Dos horas sin pestañear, días y noches pensando simplemente que volviese a nevar al día siguiente para que mi padre no cogiese la vieja ford y subiese al aserradero. Pero todo eso se escapó de mi cabeza de golpe. Una mañana de diciembre, dos tipos se encargaron de ajustar cuentas con mi padre. Quiso comprarse el piano de sus sueños y decidió pedir dinero a la gente equivocada... ese mismo día toda la madera permanecía en silencio mientras yo, sentado en el sillón, esperaba que mi padre comenzase la función.  Ahora sé que también los sueños pueden acabar contigo.

Bob

día 4
Si andas descalzo por un suelo de gres pronto recordarás la voz de tu madre: no andes descalzo! Da igual todo lo bien que te sientas al oler el desayuno, hay frases que aparecen en tu cabeza con sensaciones. Conocí a Bob la misma mañana que imaginé a mi madre gritándo dentro de mi cabeza. Siempre tenía cara de sueño o como decía él, sueños en la cara. Era un chico pelirojo con unos ojos tan grandes que a veces daba miedo. Sin embargo la boca era tan pequeña que parecía mentira que pudiese hablar  y mucho menos hacerlo con tanta rapidez. Siempre te miraba como esperando algo sorprendente y sólo pasaban unos segundos cuando era él quien te disparaba una historia genial. Sabíamos que el mundo se nos quedaría pequeño por eso imaginabamos una y otra vez escenarios irreales donde escondernos cuando los pianos nos atacasen con sus teclas afiladas pidiendo una nota más.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Sueños en la cara

día 3
La mañanas de colegio sólo quería correr y cuando no podía salir a la calle, el piano me servía de refugio. Cada vez que pulso las teclas me imagino corriendo solo en cualquier lugar. Dejarse llevar es la clave para no desesperar en la vida, creer que todas las mareas te acercarán a los puertos perfectos y pensar que cuando el viento cesa es porque tienes que dormir. Cuando mi madre me beso la noche de la función, supe que mi vida se alejaría del patio y del resto de niños, que ya no tendría la oportunidad de dejarme caer porque entraba en un mundo alejado de pijama y tele, de gominolas y rotos en el pantalón. La mañana que viajé a Templeton  y entré en el conservatorio lloré por primera vez, se acabó el correr. Nueve años para conocer la soledad y preparar el terreno para el éxito.

martes, 17 de agosto de 2010

En la retina

De todas las imágenes que se disparan cada vez que salimos por la puerta, una quedó en mi retina para siempre. En este caso estaba entrando por la puerta. Cuando Am se acercó para ofrecerme la única mesa del café cantral, me quedé como aturdido por el flash, permanecí casi inconsciente unos segundos hasta que escuché su voz: -ahora os traigo la carta- Entonces desperté. En unos segundos estaba sentado junto a los músicos esperando que apareciese de nuevo. LLegó con un termo de café y unas tortitas para Sam... demasiados segundos para quedarme aturdido... pero demasiado temprano para saber qué decir... y se marchó.
Todos los días por la mañana seguía tomando café en aquel bar... y todos y cada uno de esos días parecía el mismo estúpido delante de una cámara esperando el momento del flash. He posado muchas horas en mi vida pero esos momentos creo que fueron los más tensos que recuerdo.
Tenía dieciocho años y ella una sonrisa demasiado bonita como para no quedar paralizado.