Hace mucho tiempo que comprendí que las espinas no eran más que apariencia, que mis
pensamientos no podían protegerse de otra manera.
Con los míos aprendí a soportar situaciones extremas, tragué polvo y valoré el silencio…
me hice fuerte.
De chico me negaba a contemplar la puesta de sol cada tarde … no tenía sentido…
Pero, pasados unos años, vi florecer entre mis espinas las flores más bellas del planeta y en esos momentos intenté comprender mi naturaleza.
Todo lo que observé, cada color, cada sensación, se habían transformado en algo extraordinario. Disfrutar aquellos paisajes y convertirlos en flor no era una perdida de tiempo, era un don.
La ilusión por transformar y crear fue aumentando día tras día.
Ahora disfruto regalando mi mundo interior en forma de ideas extraordinarias.
Olvídate de las espinas y dame un poco de tu tiempo.
Confía y te recompensaré.
Soy un cactus… soy CREATIVO.
