miércoles, 18 de agosto de 2010

Sueños en la cara

día 3
La mañanas de colegio sólo quería correr y cuando no podía salir a la calle, el piano me servía de refugio. Cada vez que pulso las teclas me imagino corriendo solo en cualquier lugar. Dejarse llevar es la clave para no desesperar en la vida, creer que todas las mareas te acercarán a los puertos perfectos y pensar que cuando el viento cesa es porque tienes que dormir. Cuando mi madre me beso la noche de la función, supe que mi vida se alejaría del patio y del resto de niños, que ya no tendría la oportunidad de dejarme caer porque entraba en un mundo alejado de pijama y tele, de gominolas y rotos en el pantalón. La mañana que viajé a Templeton  y entré en el conservatorio lloré por primera vez, se acabó el correr. Nueve años para conocer la soledad y preparar el terreno para el éxito.

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