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| día 2 |
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Todos los inviernos, esperaba ansioso la nieve. No deseaba jugar con ella, ni juntarme con los chicos para tirarnos por la ladera... esperaba que mi padre se sentara en el taburete, apoyase la taza de café encima del piano y no parase de tocar hasta que mi madre nos llamara para comer. Los días más gélidos se tranformaban en horas y horas de cálidos recuerdos y sonidos deliciosos. Dos horas sin pestañear, días y noches pensando simplemente que volviese a nevar al día siguiente para que mi padre no cogiese la vieja ford y subiese al aserradero. Pero todo eso se escapó de mi cabeza de golpe. Una mañana de diciembre, dos tipos se encargaron de ajustar cuentas con mi padre. Quiso comprarse el piano de sus sueños y decidió pedir dinero a la gente equivocada... ese mismo día toda la madera permanecía en silencio mientras yo, sentado en el sillón, esperaba que mi padre comenzase la función. Ahora sé que también los sueños pueden acabar contigo.
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