EN LA ARENA...

Una por una las ideas fueron desapareciendo. Entre la gente se cruzaban  miradas de desconcierto y debajo del tobogán, la niña seguía ignorando al resto del mundo inmersa en su plan para crear una montaña de arena en la que poder colocar su muñeca. La madré gritó aterrada al ver a la gente que corría de un lado a otro sin tener muy claro dónde refugiar sus cabezas. Contagiada por la incertidumbre, se olvidó por completo de su hija y cruzo sin mirar la carretera hacia ninguna parte.
Los ojos inquietos de la niña quedaron fijos en su obra de arte, colocó la muñeca sobre el montón de arena y la estiró los brazos de plástico en señal de victoria. Ella se puso en pie y levantó también los brazos. Nadie se paró ante ellas, pero nada las importaba porque lo habían conseguido.

Las ideas volvieron a la ciudad y por las calles se cruzaban de nuevo miradas de optimismo como esperando que en alguna conexión, alguien trajera la solución a este mundo. Mientras, los montones de arena seguían creciendo en los parques sin que nadie se detuviese a contemplarlos.