jueves, 19 de agosto de 2010

Bob

día 4
Si andas descalzo por un suelo de gres pronto recordarás la voz de tu madre: no andes descalzo! Da igual todo lo bien que te sientas al oler el desayuno, hay frases que aparecen en tu cabeza con sensaciones. Conocí a Bob la misma mañana que imaginé a mi madre gritándo dentro de mi cabeza. Siempre tenía cara de sueño o como decía él, sueños en la cara. Era un chico pelirojo con unos ojos tan grandes que a veces daba miedo. Sin embargo la boca era tan pequeña que parecía mentira que pudiese hablar  y mucho menos hacerlo con tanta rapidez. Siempre te miraba como esperando algo sorprendente y sólo pasaban unos segundos cuando era él quien te disparaba una historia genial. Sabíamos que el mundo se nos quedaría pequeño por eso imaginabamos una y otra vez escenarios irreales donde escondernos cuando los pianos nos atacasen con sus teclas afiladas pidiendo una nota más.