con los pies en el suelo...

Difílmente nos levantaríamos de la cama si sabemos que la vida nos sobrepasa, cerraríamos la ventana y apagaríamos el despertador pensando: "ésta no es mi guerra."
Una vez más se reincorpora de la cama para repartir humanidad aún sabiendo que la mano no llegará a todos, que el esfuerzo se esfumará por el camino. Con los ojos aún enrojecidos, se mira en el espejo y la pregunta se responde sola una y otra vez. Vuelve a intentarlo. Sin tiempo para vencer al mechón de pelo rebelde, se encamina hacia la batalla que libra cada día entre palabras e intereses. Los ojos se despiertan poco a poco cuando la luz del sol parece que acompaña a sus ideales. El desánimo parece que se hace fuerte entre los titulares pero un cafe y las sonrisas que no piden nada a cambio la dan fuerzas para afrontar el segundo tramo de la mañana. La utopía (piensa) deja de estar tan lejos cuando comienzas a rozar una parte del sueño que te hizo despertar sonriendo... Eran demasiados los ojos inacanzables y muy pocas las horas para liberar algún motivo de esperanza... no era ninguna maga pero todavía creía en el truco final. Un poco más,  ¡sólo una sonrisa más para saber que lo he intentado!. Y se desplomaba en la cama calculando cuantas sonrisas había conseguido reunir, cuantos sueños felices había conseguido regalar aquel día... cuantas batallas por sobrevivir había transformado en motivos para la esperanza. Uno solo la bastaba para levantarse otra mañana.