No mirando atrás...
Cuando leyeron el testamento, Igor se sintió el joven más feliz de la tierra. No se paró a calcular. Al día siguiente muy temprano se despidió de sus padres y cogió un tren hacia Grozni. Por el camino sólo podía imaginar un lugar repleto de gente extraordinaria, caras de niños sonriendo y aplausos que no cesaban. En casi tres horas llegó a la ciudad. Preguntó por el circo pero no sabían explicarle muy bien dónde se encontraba exactamente. Se encaminó por un sendero cerca del río y poco a poco fue divisando algo que podía ser una carpa. A medida que se acercaba su espectación se mezclaba con la decepción. Aquel trozo que había perdido el color rojo, sólo contenía en su interior unos cuantos gatos, montones de madera y algo parecido a un trapecio...
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